Es domingo en la noche, no puede dormir. Un dolor en la boca del estómago, manos sudorosas y el ritmo cardiaco acelerado lo mantienen en alerta. Trata de pensar en las vacaciones, en el sonido del mar y el sol acariciando su cara; las sonrisas de sus hermanos y los partidos de futbol. Pero el pensamiento constante que ronda su mente lo acecha: hoy terminan las vacaciones y mañana vuelve a clases.
La ilusión de reencontrarse con sus amigos le da una esperanza, pero pesa más el nervio de volver a la lucha constante del quiero pero no puedo. Es un niño sociable, inteligente pero distraído y los maestros pierden la paciencia fácilmente cuando les pregunta nuevamente algo que no entendió. Sus compañeros se molestan cuando el profesor les dice que por su culpa tendrán menos recreo ya que tiene que explicarle de nuevo al burrito del salón.
Existen niños de sobrada inteligencia y capacidad intelectual pero que por alguna razón no se concentran fácilmente o ciertas materias simplemente “no se les dan” y existen algunos maestros sin vocación que se burlan, los hacen menos o simplemente no los ayudan a mejorar. A éstos alumnos brillantes e incomprendidos les hace falta sentirse importantes y valiosos, hay que estimularlos en lugar de ridiculizarlos frente a sus compañeros. Sufren en silencio, ya que saben que tienen la misma capacidad intelectual y desean ser mejores estudiantes pero no se les da la oportunidad de demostrarlo; ya están etiquetados y los maestros prefieren concentrarse en el alumno que no da problemas, en el que sus papás le hacen la tarea y goza de clases particulares para ser el más adelantado.
Maestros, no olviden sus raíces, ¡ustedes también fueron niños!
Un niño necesita sentir que es valorado, que su esfuerzo tiene una recompensa, que vale por ser un humano y no una lumbrera de conocimientos, necesita JUGAR y divertirse; no todo se basa en calificaciones, un exámen o una tarea no determinan la inteligencia o valía de un ser humano que está conociendo apenas la vida.
A todos los alumnos “buenos” y “malos” estudiantes les deseo que tengan un feliz regreso a clases y que les “toque” con un maestro o maestra con vocación de servicio, un ser humano ante todo que saque lo mejor de ustedes, que los trate con el respeto y dignidad que merecen, y si tienen la fortuna de estar con un profe asi, quiéranlo y valorenlo también, no le den mucha lata, ustedes son nuestra esperanza.
Tere Lagos.